Tu hijo tiene TEA y quieres saber cómo trabajar su comunicación.
No hay un TEA. Hay un niño con su propio perfil, su propia forma de procesar el mundo.
El trastorno del espectro autista afecta a 1 de cada 51 niños en Chile, una de las prevalencias más altas de la región. La edad promedio de diagnóstico en el país es de 4 años, considerada tardía en el contexto internacional, donde el objetivo es el diagnóstico antes de los 3 años. Cada año sin intervención oportuna tiene un impacto concreto y medible en el pronóstico funcional del niño.
El TEA es un espectro, lo que significa que hay tantos perfiles de TEA como personas con TEA. Hay personas que no hablan y personas que hablan con fluidez pero tienen dificultades en la comunicación social. Hay personas con alta sensibilidad sensorial y personas que la buscan. Hay personas con inteligencia muy alta y personas con discapacidad intelectual asociada. Lo que todas tienen en común es una forma diferente de procesar, comunicar y relacionarse con el mundo.
La fonoaudióloga especializada en TEA evalúa el perfil comunicativo real del niño, no solo si habla o no habla, sino cómo usa la comunicación, para qué, en qué contextos falla, qué fortalezas tiene. El plan de intervención es siempre personalizado. El objetivo no es que el niño hable "como los demás", es que pueda comunicarse de la forma más funcional posible para él y para su contexto.
La intervención temprana, antes de los 3 años, tiene el mayor impacto. Pero no hay un momento en que sea "demasiado tarde". Los niños mayores, los adolescentes y los adultos con TEA también se benefician de la intervención fonoaudiológica.
La participación de la familia es parte del proceso, no un complemento opcional. La fonoaudióloga trabaja con los padres y cuidadores para que las estrategias se repliquen en la vida cotidiana, en el hogar, en el colegio, en las situaciones sociales.
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